EL PAPEL DE LA ESCUELA EN LA PREVENCIÓN DE LA VIOLENCIA DE GÉNERO

Resumen
El siguiente artículo, pretende ser una aproximación a una propuesta de prevención de la violencia de género en la escuela. Sabiendo que la escuela es el escenario de interacción de vivencias culturales y estereotípicas de las sociedades, se hace necesario que en ella se desmonte o derribe cualquier visión machista o feminista recalcitrante; garantizando con ello la paz y la igualdad entre los géneros. La escuela es, sin duda, el espacio ideal para construir una sociedad más justa y equitativa, en la que no exista la errónea idea de que hay un sexo o un género por encima del otro. Este artículo plantea, pues, que la violencia de género es cualquier acto que perjudique física, psicológica o sexualmente a una persona, siempre que se produzca por cuestiones de género. Asimismo, plantea que la prevención debe estar fundamentada en tres ejes: la filosofía, los programas académicos y el profesorado y que los niveles en los que se ejecuta la prevención son nivel primario, secundario y terciario.
Palabras clave
Violencia de género – estereotipos – violencia doméstica – prevención.

La violencia de género es, sin duda, un tema que genera en nosotros todo tipo de reacciones, que van desde la típica repulsión hasta la condenación absoluta de toda práctica violenta contra y hacia las mujeres, como contra cualquier otro ser humano. Para muchos, el incremento de la violencia, en todos los órdenes, y especialmente hacia las mujeres; tiene las más diversas causas o motivadores: el machismo, los medios de comunicación, la política, la cultura y sus estereotipos, entre muchos otros; pero sea cual sea la causa, nos centraremos, más bien, en buscar las soluciones a esta tan aberrante práctica que ha estado presente en nuestras sociedades desde tiempos inmemorables.

Comenzaremos por delimitar, primero, el concepto de “violencia de género”,  y cuáles son sus prácticas más notorias. Así evitaremos que se confunda con términos considerados equivalentes que pueden prestarse a confusión, como violencia y violencia doméstica.

Entonces, ¿qué es violencia de género? Cabe señalar que cuando hablamos de violencia de género, nos referimos a cualquier práctica de abuso de una persona sobre otra por cuestiones exclusivas de un sexo y sus roles, sobre el otro sexo y sus roles, respectivamente. En otras palabras, es la violencia motivada por cuestiones de roles de género asociados al sexo. En ese sentido, existe una marcada tendencia de considerarse superior y con poder de un género sobre otro. Básicamente, esta condición de supremacía se da, generalmente, de los hombres hacia las mujeres y de los niños hacia las niñas.

Estas prácticas se encuentran avaladas por una serie de estereotipos culturales machistas asociados a uno y otro sexo. Por ejemplo:

Para las mujeres

  • Débiles y carentes de carácter.
  • Dependientes.
  • Sensibilidad y sumisión.
  • Afectivas y tímidas.
  • Subvaloradas para algunas funciones.
  • Sin autoridad para dirigir.
  • Feminidad asociada a la maternidad o a la condición de esposa exclusivamente.

Para los hombres

  • Fortaleza corporal y  de carácter.
  • Independientes.
  • Espontáneos y sin afectividad.
  • No poseen sensibilidad.
  • Dirigen a las mujeres y nunca a la inversa.
  • Sobrevalorados para algunas funciones y actividades.
  • Masculinidad asociada al machismo y las acciones violentas.

Para la asunción de estos estereotipos, la familia tiene un papel muy importante, ya que es la transmisora de la cultura, así como de los roles, masculinos o femeninos que la persona adoptará en su vida en la sociedad a la que pertenezca.

Para definir la violencia de género, Gil y Ayter (2007:13) plantean que: “la violencia de género puede ser entendida como un tipo de violencia que no sólo hace referencia al ámbito material, es decir, a las agresiones físicas y a la falta de recursos económicos, sino también, al ámbito simbólico, es decir, a nuestras emociones, nuestros deseos y nuestras carencias a la hora de establecer relaciones afectivas con las personas derivadas de la forma como se entiendan y se construyen la masculinidad y feminidad en nuestra época.”

De lo antes dicho, se interpreta que la violencia de género no es ejercida exclusivamente por hombres sobre mujeres, sino que ambos son plausibles de ser objeto de violencia por parte del otro, visto siempre desde el concepto “género”. Así, para las sociedades machistas y patriarcales, el objeto sobre el que se ejerce violencia es la mujer; y para las sociedades matriarcales, por su lado, el objeto sobre el que se ejerce violencia es el hombre.

Un término que suele ser equiparado y confundido con la violencia de género, es la violencia doméstica, que si bien es cierto que uno incluye al otro, no pueden ser tratados indistintamente. Con respecto a esto, Mora (2008:3), presenta una diferenciación conceptual de ambos términos. En ese sentido, muestra la violencia doméstica como: “… el uso consciente de la fuerza en el hogar, desde el más fuerte hacia el más débil, con objeto de ubicarse el primero en una situación de poder, dominio o control con respecto a la pareja o los hijos, utilizando para ello tanto abusos psíquicos como físicos o sexuales, y menoscabando, por ende, los derechos fundamentales atinentes a: integridad física, intimidad y honor, libertad sexual, seguridad personal, etc.”. y la violencia de género como: “… un conjunto de acciones abusivas contra la mujer por el hecho de serlo, y elemento esencial a partir del cual se edifica el patriarcado. Interiorizada en el inconsciente colectivo e integrada estructuralmente en el contexto sociocultural de los Estados, países y sociedades.” Mora (2008:16). De lo antes dicho, se desprende que la violencia doméstica está más asociada al término “abuso de poder en la familia” y el concepto violencia de género, con el término “abuso de un género a otro en cualquier ámbito de la vida”.

En esa misma línea, Gil (2007:24), se refiere a la violencia de género, apuntando a la supremacía del hombre sobre la mujer como: “… todas aquellas agresiones sufridas por las mujeres como consecuencia de los condicionamientos socioculturales que actúan sobre los géneros masculino y femenino, y que se manifiestan- y se han manifestado históricamente- en cada uno de los ámbitos de relación de la persona, situándola en una posición de subordinación al hombre”.

Como ya se ha dicho anteriormente, la familia es el primer escenario donde se entra en contacto con los roles de masculinidad y feminidad, asumidos por la sociedad a la que se pertenece, es por tanto también el lugar donde se desarrollan o desvirtúan los valores de igualdad, equidad y respeto entre las personas. La escuela, por su lado, es el lugar donde se hacen manifiestas estas prácticas, previamente concebidas en la familia. La escuela, entonces, en su rol de formadora; fortalece o debilita esas preconcepciones con las que se viene a ella. En ese sentido, su papel va mucho más allá que la mera y simple tarea de instruir académicamente. Es su deber vital, enseñar a ser y a convivir en igualdad para todos y todas.

Entonces, ¿qué debe hacer la escuela de hoy para prevenir la violencia de género? Lo primero es que la violencia de género debe ser motivo de preocupación para todos, en cualquier ambiente, y si se produce en el ámbito escolar, deber ser aún más preocupante, por el papel formador y transformador de la escuela para las generaciones. Más que atacar el mal, la clave está en la prevención. Es decir, no es sólo buscar soluciones al problema como tal, sino ir en búsqueda de medidas que eviten o impidan que la situación se produzca. Es por tanto que prevenir tiene una importancia neurálgica en la construcción de espacios de participación social de hombres y mujeres iguales en su condición de sujetos de derechos.

Por eso, prevenir implica según la RAE (2001), prepararse y disponerse anticipadamente para evitar un riesgo. Entonces, prevenir en Educación tiene que ver con todas las medidas que se puedan tomar para evitar que se produzca un problema. De hecho, educar por antonomasia es prevenir, pues la educación prepara al individuo para la vida con sus iguales, llámese iguales a todo el género humano. También, Ramos y Luzón (2008:118), la definen como: “… aquellas estrategias o conjuntos de acciones que buscan disminuir la incidencia de un determinado problema, a través de la reducción de los factores de riesgo o el aumento de los factores de protección”. Así, la prevención, según Gerald Caplan (1985), en Ramos y Luzón (2008:118-119), está estructurada en tres niveles, los cuales están estrechamente relacionados entre sí, los mismos son: nivel primario, secundario y terciario.

Haciendo inferencias y aplicándolo al campo educativo (pues estos niveles fueron concebidos en el ámbito de la psicología); el nivel primario, busca tomar medidas previsoras para evitar la ocurrencia de la violencia de género en la primera infancia, infancia y adolescencia; el nivel secundario, procura, en las primeras manifestaciones de violencia, diagnosticar, poner fin y darle continuidad al primer nivel de prevención;  y el nivel terciario, busca, una vez identificado el surgimiento del problema, reencauzar a los individuos que ya hayan caído en ella.

La escuela debe garantizar tanto a hombres como a mujeres, la igualdad, así como el respeto de la libertad individual y de su identidad, así no se ajusten a cánones estereotipados socialmente como femeninos o masculinos. Éste es el escenario donde se crea y se fortalece la identidad social, de ahí su importancia en la prevención de la violencia de género.

Muchas veces, es la escuela, sin quererlo, la que promueve estereotipos culturales, pues ella también tiene una personalidad cultural, pues es producto también de la cultura a la que pertenece, pero la escuela concebida en su carácter liberador y neutral, debe garantizar el desarrollo de valores que permitan que los sujetos ejerzan sus derechos individuales y permitan a otros ejercer los suyos en armonía e igualdad de condiciones.

El proceso de prevención de la violencia de género en la escuela descansa en tres ejes fundamentales, que son: la filosofía, los programas académicos y el profesorado.

  • La filosofía

La escuela, en su carácter laico, no está supeditada a otra filosofía y cultura que no sea la de la igualdad entre las personas, sin banderías religiosas que entorpezcan el verdadero sentido integral y liberador de los seres humanos. Por algo un período de la historia de la humanidad fue de total oscuridad, lo que significó un período de gran atraso, tanto en las ciencias como en el valor del ser humano, por el hecho de serlo.

  • Los programas académicos

Los programas académicos, por su parte, deben ser el producto de las necesidades humanas y como mecanismos que permitan al individuo buscar trascender y transformar su realidad inmediata y a largo plazo. Éstos deben estar concebidos desde la igualdad y para la igualdad entre hombres y mujeres. No puede percibirse en ellos ningún atisbo de influencia religiosa o partidaria, que pueda poner en riesgo la concepción de igualdad contenida en los Derechos Humanos.

  • El profesorado

El profesorado tiene una importancia extraordinaria para la difusión de los programas encaminados a la prevención de la violencia de género en la escuela, ya que ellos, los maestros y profesores, son el contacto directo de dichos programas con los beneficiarios finales que son los alumnos. En ese sentido, es necesario que el profesorado esté convencido de la importancia de la igualdad y de la equidad entre los géneros. De nada sirve, un programa en manos de quien alberga prejuicios culturales o ejerce algún tipo de violencia contra las mujeres, ya sea ideológica, filosófica, lingüística o de cualquier otro orden. Es por esto, que antes que un programa se lleve a efecto entre la población estudiantil, es preciso que los maestros crean en él, velen por él y estén convencidos de su aplicabilidad y efectividad. Es en el profesorado donde radica el éxito o fracaso de cualquier programa.

No es fácil desmontar y desarticular la cultura machista desde la escuela y menos si se está inmerso en ella, por tanto se hace de primer orden la sensibilización y aplicación personal de cualquier práctica tendente a mover las almas hacia la igualdad.

Dinámicas de interacción violenta en relación al género en la escuela

La violencia de género, no es exclusiva de esta época, así como no es exclusiva de una clase social ni de un ámbito en específico. No es un tema nuevo. Ha convivido con la humanidad desde sus orígenes, lo que sí pasa hoy de diferente, es la proyección y publicidad que se le da, así como las dinámicas de violencia.

Las dinámicas de violencia de género que se dan en la escuela y fuera de ella, tienen las más variadas manifestaciones, que van desde el lenguaje sexista hasta la violencia física, es ese sentido, tenemos manifestaciones del tipo: violencia de género en la lengua, violencia de género en el acceso a la información, violencia de género a nivel físico y violencia de género en “no hacer nada”.

La lengua es el medio de interacción y comunicación que tiene una comunidad de hablantes y por ese mismo poder de interacción y de comunicación que tiene, también tiene el poder de someter a través del discurso a los sujetos que se consideran vulnerables frente a los sujetos que se creen superiores. Asimismo, existen en el idioma español, o cualquier otro idioma; hablado en las escuelas, que han sido a través de los años, expresiones de supremacía y dominación de los hombres sobre las mujeres, así expresiones como: “eres una niñita”, “peleas como niñita”, “el arte es para las niñas”, “si escribe bonito, es niña o es mariquita”, “las niñas no se defienden”, entre muchas otras, sólo ponen de manifiesto que también el idioma juega un papel de primer orden al momento de ejercer violencia. Asimismo, los libros de texto, en un momento, estuvieron concebidos, desde una perspectiva machista, y éstos mostraban (y todavía persisten en algunos casos) los contenidos enunciados como si sólo estuviesen dirigidos para los hombres. Expresiones del tipo, “El trabajo dignifica al hombre” o “Prueba científica del origen del hombre sobre la faz de la tierra”, dan testimonio de la concepción machista desde donde se habían construido esos enunciados.

Por otro lado, para nadie es un secreto que en la mayoría de las veces, se tiene una idea preconcebida de quién es más capaz o inteligente del hombre o la mujer, y basados en esa preconcepción, también se tiene una idea de quienes deben tener acceso a la información para que no de “desperdicie” en una emisión innecesaria de datos a un “género” que no la va a “aprovechar”. Por ejemplo, en ocasiones y sin a veces darse cuenta; los maestros de ciencias puras o fácticas, como también en oficios o actividades experimentales, en sus discursos en clase suelen enfocar su atención en la población masculina, movidos por un estereotipo de las profesiones que se creen masculinas o femeninas. Lo mismo se da, en menor o mayor grado, en las materias teóricas, artístico-literarias o de las humanidades con respecto a la población femenina.

A veces, en la escuela también se promueven, expresiones de segregación sexista que fortalecen los estereotipos traídos por los alumnos de sus hogares o simplemente adoptados desde la cultura, por ejemplo: “Hoy haremos una competencia de saberes entre hembras y varones”, “Bajaremos al patio, hagan dos filas; chicos aquí y chicas por acá”, “Vamos a ver quienes logran hacer silencio primero, niños o niñas” o “Amalia, este mes he visto que los resultados de las niñas han bajado con respecto a los varones”. En ese particular, es necesario que la escuela adopte una postura vigilante para evitar promover este tipo de situaciones.

La violencia de género a nivel físico, es la más fácil de notar porque su manifestación es exterior, sin embargo, muchas veces es la que menos el profesorado conoce, pues quien es objeto de violencia física, generalmente, es también objeto de violencia psicológica; ya que es obligado por el agresor a guardar silencio, bajo amenazas, humillaciones, descalificaciones; y el agredido hace lo se le pide por vergüenza, por no hacer el ridículo frente a sus compañeros o porque será tildado de soplón o chismoso. Es por tanto, que para identificarla es necesario un ojo “agudo” de parte del profesor o profesora. Cabe señalar, que otra de las razones que un agredido tiene para no contarle al profesor o profesora, es que generalmente, se toma la violencia entre niños como un caso aislado, que no pasará a mayores, y no como una cuestión que puede ser sistémica. La solución se queda en el discurso y no en la acción.

Otra de las formas de violencia de género en la escuela es “no hacer nada”. La mejor forma de promover esta acción es hacer caso omiso o no hacer nada. Así lo expresa Valadez (2008:11), en estos términos: “La violencia no es sólo un determinado tipo de acto, sino también una determinada potencialidad. No se refiere sólo a una forma de “hacer”, sino también de “no hacer”.

Si somos testigos pasivos frente a un caso de violencia, sea de género o no; también recae sobre nosotros parte de esa culpabilidad. Es por esto, que Valadez hace referencia a la violencia por inacción. No procurar la salud y la integridad física y mental de la víctima, nos hace culpables de la más atroz forma de violencia hacia las mujeres o hacia cualquier ser humano. Estas dinámicas de interacción son más comunes en nuestro medio de lo que se piensa, aunque muchas de ellas de dan de forma no intencionada, pues están integradas en el inconsciente colectivo de las sociedades.

Como se dijo anteriormente, es en la escuela donde recae la responsabilidad de crear una cultura de paz para todos y todas, ya que las familias y las políticas gubernamentales han fracasado. La escuela es, pues, ese instrumento de liberación de los seres humanos. La escuela sólo logrará su objetivo más elevado cuando garantice la igualdad y logre que las mujeres y niñas puedan hacer uso de sus derechos inalienables e inherentes, independientemente del contexto histórico o político en el que se desarrollen.

En ese sentido, Gairín-Sallán (2007:44), nos anima con lo siguiente: “Lograr de manera efectiva una escuela para todos y todas no deja de ser una utopía a la que no podemos ni queremos renunciar. En esa línea, conseguirla no es fácil y el lograrla supone poner en marcha medidas muy diversas que puedan suponer actuaciones globales o específicas que de una manera más o menos sistemática se aplican o se pueden aplicar”.

Dando continuidad al ánimo de este planteamiento, la escuela para lograr el cambio, tiene, necesariamente, que revisarse; comenzando desde su proyecto de centro, hasta llegar a implementar políticas institucionales que coadyuven con uno de los principios esenciales que sustentan los Derechos Humanos: la igualdad.

Así, cualquier programa tendente a erradicar la violencia de género, debe partir de la idea de que “nunca es muy temprano ni muy tarde para prevenir”, por tanto, toda medida debe incluir todos los niveles y subniveles educativos; desde inicial o escuela de párvulos hasta el nivel preuniversitario, y visualizarse en proyecciones hacia los niveles superiores. La violencia de género no es ni puede ser el final de la historia, la escuela tiene la última palabra.   

BIBLIOGRAFÍA

  • Gil Rodríguez, E. y Ayter, I. (2007): “La violencia de género”. Editorial UOC, Barcelona.
  • Mora Chamorro, H. (2008). “Manual de protección a víctimas de violencia de género”. Editorial ECU, Alicante, España.
  • Gil Ruíz, J. (2007). “Los diferentes rostros de de la violencia de género: ensayo a la luz de la Ley Integral (L.O. 1/2004, de 28 de diciembre) y la Ley de Igualdad (L.O. 3/2007 de 22 de marzo)”. Editorial Dykinson, Madrid.
  • Ramos Matos, M. y Luzón Encabo, J. (2008). “Cómo prevenir la violencia de género en la educación”. Editorial UNED, España.
  • Gairín  Sallán, J. y otros.  (2007). “Coeducación y prevención temprana de la violencia de género”. Ministerio de Educación y Ciencia. Secretaría General de Educación. Instituto de Formación del Profesorado. Editorial Arial, S.L. España.

Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Mateo Perdomo, Glenny: "El papel de la escuela en la prevención de la violencia de género" en Atlante. Cuadernos de Educación y Desarrollo, marzo 2014, en http://atlante.eumed.net/prevencion-violencia-genero/

Atlante. Cuadernos de Educación y Desarrollo es una revista académica, editada y mantenida por el Grupo eumednet de la Universidad de Málaga.