EL ESTADO Y LA EDUCACIÓN: EL CASO DE LA ASUNCIÓN DE LA EDUCACIÓN DEL ESTADO MEXICANO

RESUMEN
Uno de los elementos fundamentales con los que se fortalece y nutre el Estado es la educación, quien recreará y moldeará los pensamientos a su imagen y semejanza, sin embargo en la concepción medieval, el tema educativo era ajeno al Estado, y por tanto quehacer de la Iglesia, elemento importante de su pacto de legitimidad. Este trabajo tiene como propósito dar testimonio como el Estado mexicano asumió la educación como parte importante de su consolidación y moldeador de mentes que concibieran a una educación y un Estado laico que garantizara la libertad de credo, fuera de fanatismo e imposiciones. Sin embargo esta posición se consolida a partir de una encarnizada lucha entre las ideologías liberal y conservadora, que habrán de poner en una situación de debilidad a la naciente nación mexicana.
PALABRAS CLAVE: Estado-Educación pública-Iglesia-México Independiente.

STATE AND EDUCATION: THE CASE OF THE ASSUMPTION OF THE MEXICAN STATE EDUCATION

ABSTRACT
One of the key elements that strengthens and nourishes the state is education, who will shape the thoughts and recreate his image and likeness, but in the medieval conception, the education issue was outside the State, and therefore work of Church, an important element of the covenant of legitimacy. This paper aims to witness as the Mexican government took education as an important part of its consolidation and molder of minds that conceived to education and a secular state that guarantees freedom of religion, out of fanaticism and impositions. However this position is consolidated from a bitter struggle between liberal and conservative ideologies, to be put in a position of weakness to the nascent Mexican nation.
KEY WORDS: Estate-Public education-Clergy-México independent.

INTRODUCCIÓN

El Estado es el ente supremo donde se sintetiza la suma de instituciones, sustento de las regulaciones para evitar se desaten las pasiones y prevalezca la racionalidad, quien con su capacidad castigará a quien violente las normas que construye histórica y cotidianamente. Para el Estado un elemento importante en la consolidación de su esencia, es el dotar de un aparato educativo que reproduzca su ideología, sus instituciones, sus formas de acumulación de capital y que además genere individuos que sean capaces de reproducir las relaciones sociales que el Estado demanda.

La constitución del Estado mexicano fue de un tropezar constante a partir de la lucha fratricida entre mexicanos agrupados entres dos posiciones ideológicas irreconciliables, entre dos formas distintas de concebir el Estado: liberales y conservadores; los primeros que veían a la educación como fuente inagotable de creatividad que potenciaría a las nuevas generaciones y hacer de nuestro país un modelo en el concierto de las naciones, con una instrucción despojada del contenido religioso, con la premisa fundamental de la laicicidad; los segundos aliados con el clero, adoctrinados por la concepción religiosa de la educación y su percepción del mundo.

De esta manera, es importante analizar como el Estado mexicano empezó  hacerse cargo del tema educativo y como se le quitó a la iglesia esta función, institución que era el receptáculo de muchas funciones que el Estado medieval español le otorgaba en concordancia con la alianza entre el Estado Vaticano y las monarquías europeas con el fin de justificar el “derecho divino” de la nobleza de encabezar los reinos, de ser reyes.

En el presente trabajo se abordara de manera rápida como se justifica el Estado tomando en cuenta, la posición al respecto del pensador inglés Thomas Hobbes; posteriormente analizaremos la relación entre el Estado y la educación a partir de como la instrucción pasa de la Iglesia al Estado. Después abordamos el caso de la conformación del Estado mexicano y como éste se apropia de la educación en una pugna constante entre liberales y conservadores. De la misma forma analizaremos porque los liberales concibieron que la educación debiera ser obligatoria, donde el pueblo no se le debería dar otra opción. Al final se presentan las conclusiones donde se dan puntos de vista de esta necesidad del Estado por legitimarse.

1. LA JUSTIFICACIÓN DEL ESTADO

Para entender el surgimiento del Estado, es necesario establecer porque se justifica su existencia, en este sentido el filósofo inglés Thomas Hobbes argumenta en su obra clásica El Leviatán (Hobbes, s.f:70) que:

El fin del Estado es, particularmente, la seguridad. La causa final, fin o designio de los hombres (que naturalmente aman la libertad y el dominio sobre los demás) al introducir esta restricción sobre sí mismos (en la que los vemos vivir formando Estados) es el cuidado de su propia conservación y, por añadidura, el logro de una vida más armónica; es decir, el deseo de abandonar esa miserable condición de guerra que, tal como hemos manifestado, es consecuencia necesaria de las pasiones naturales de los hombres, cuando no existe poder visible que los tenga a raya y los sujete, por temor al castigo, a la realización de sus pactos y a la observancia de las leyes de naturaleza.

Para Hobbes la existencia del Estado se justifica desde el momento mismo en que los hombres abandonan su estado de naturaleza y se sujetan a las leyes impuestas por los hombres, ejecutados por un gobernante o soberano y le da certidumbre al hombre mismo y se evita que los instintos prevalezcan y se imponga la ley  del talión, ojo por ojo, diente por diente.

De esta manera Hobbes (íbid.) afirma que si no se instituye un poder que garantice la seguridad, cada individuo sólo confiará de su habilidad o fuerza para protegerse de los demás. Thomas Hobbes (Íbid.:71-72) argumenta que el único camino para construir un poder que proteja a los ciudadanos de invasiones de extranjeros, injurias, satisfacer sus necesidades con el producto de su esfuerzo, la seguridad y paz comunes; esta multitud de almas será unida por un ente llamado Estado.

El Estado en su funcionamiento utiliza el consenso o la violencia. Este ente supremo es aceptado voluntariamente por la gente, o quienes se oponen a él, son obligados a aceptarlos coercitivamente, de esta manera, consenso y violencia son factores complementarios para su existencia. Son los liderazgos, los que encabezan los gobiernos, los que conducirán el acento de su fortaleza, de consolidar un sistema productivo, de intercambio de bienes, de consolidar un entramado militar, la mediación con los líderes espirituales-religiosos. Es pues la primera vía la solución pacífica de los problemas y diferendos, pero también la aplicación de la fuerza cuando la vía del consenso esté cancelada y emerja como práctica legítima la violencia como herramienta estatal (Campagno, 2003), el problema radicará cuando el Estado aplique como única vía para la solución de todos los problemas, la coerción, la suspensión de garantías.

Por lo tanto la existencia del Estado implica un pacto que significa la obediencia de los individuos a las reglas constituidas por todo un andamiaje institucional, fortalecidas por prácticas históricas en términos de la moral, de la religión de las costumbres, de las tradiciones, de las formas de organización. Desde el punto de vista liberal el Estado es legítimo y por lo tanto se edifica, se cimenta, con bases legales, jurídicas, con leyes que se presentan como supremas (Ramírez, 2010:51-52).

De no someterse a una fuerza suprema, el Estado entrará a una situación caótica, por lo tanto es plausible y deseable el poder civil, evitando un estado de enfrentamiento constante, una guerra interminable entre los hombres, que al no tener un contenedor de sus pasiones, la agresión será constante, el impulso basado en sus virtudes físicas, no de razonamiento y la defensa ante los demás con la fuerza bruta para sobrevivir como cualquier animal sin raciocinio, donde sólo sea premisa su vida primitiva (Sierra, 2001).

De las características más conocidas del Estado son la soberanía, que toma decisiones sobre su territorio sin interferencias de fuerzas externas; otra característica es su asociación con una nación en específico y con el espíritu nacionalista, el representar los intereses comunes, el de centralizar y racionalizar los proceso políticos, su racionalidad burocrática, el ser representado por una clase social en específica (Schmitter, 2005:2).

Estas características de acuerdo con Schmitter o han desaparecido o se han debilitado debido a los rasgos actuales de la sociedad, donde empresas trasnacionales, y otros gobiernos, intervienen decididamente en la vida interna de otros países. Si a esa afirmación de Schmitter le agregamos la movilidad de capitales con solo transferirlos de manera electrónica; además las peculiaridades de los tiempos de la era de la información que trastocó la censura y regulación de medios de comunicación que realizaba el Estado a partir de una herramienta muy poderosa llamada Internet, el instrumento de libertad por excelencia y donde todas las voces pueden expresar sus ideas y que ese ente supremo le es difícil controlar.

Por lo tanto desde su origen hasta nuestros tiempos el Estado ha evolucionado de un elemento poderoso que controlaba vidas y almas, donde la soberanía era su esencia misma, a pasar formas de vida autoritaria como los Estados esclavistas, las monarquías absolutas a regímenes con estructuras de poder equilibradas como las monarquías constitucionales y las democracias impuestas y expandidas por la cultura imperante de occidente, que consolidó la división de poderes como manera de evitar los despotismos y absolutismos que fueron hechos añicos por las fuerzas de los movimientos liberales de Europa como la Revolución Francesa, la Revolución Inglesa y la Revolución Industrial que acabó con la clase social de la nobleza que imperaba monopolizando el ejercicio del poder político y económico a través de sus feudos y el control que ejercía sobre la servidumbre agraria, los siervos, para dar paso a una nueva clase social que sería la impulsora del gran desarrollo económico, político, social y científico: la burguesía.

Es pues el Estado, de acuerdo con Guillermo O´Donell (1993:4) “… también, y no menos primariamente, un conjunto de relaciones sociales que establece cierto orden en un territorio determinado, y finalmente lo respalda con una garantía coercitiva garantizada”. De ahí que se afirma que no puede haber una fuerza superior a la fuerza del Estado quien es quien monopoliza la fuerza legítima. En ese tenor, en México al inicio de la vida independiente, de manera tardía y combatiendo los liberales esos vestigios feudales del sistema colonial español que se resistía a desaparecer, trataron de suprimir los privilegios que la clase aristócrata aliada con el clero reafirmaba su dominio económico, político, social y de adoctrinamiento.

2. EL ESTADO Y LA EDUCACIÓN

En el antiguo régimen, en la edad medieval u oscurantista como muchos suelen adjetivar, la educación es un tema lejano, que no es prioridad del Estado y por lo tanto era delegada a la Iglesia. Lo sacro, lo divino es lo que domina, el espíritu, no la materia y la imposición de la visión cristiana que representa el Vaticano y el papa como su máxima autoridad. De esa forma durante la etapa medieval, la educación será un monopolio de la iglesia, de las sotanas y escapularios y su visión teocéntrica de la realidad. El Estado permanece abstraído de lo educativo, ajeno a la instrucción como vía para su consolidación a partir de la vitalidad del pacto Iglesia-Estado (De Puelles, 1993). Lo fue antes del cisma religioso y después de la Reforma Protestante.

Inicialmente, la educación no va a estar en la agenda de los Estados, eso debido a que el Estado moderno iba a emerger en medio del colapso de los regímenes monárquicos feudales. En la edad media los Estados monárquicos europeos sustentaban su legitimidad con el argumento del Derecho Divino de los reyes a gobernar pues éstos eran determinados por la gracia divina de Dios. Esto era posible por la alianza entre las monarquías y la Iglesia católica representada por el Papa. Se podría decir que el poder monárquico a veces se acotaba por el gran poder e influencia que ejercía la iglesia.

La alianza entre el poder público y la iglesia se dio a partir de ciertos privilegios tanto para los unos, como los otros. La iglesia por ejemplo, disfrutaba del monopolio de la fe, además de recursos que por concepto de diezmo les otorgaba la feligresía, el control de registro civil, de la misma manera manejaban cementerios, además de no pocas veces ciertos miembros del clero combinaban puestos de decisión política y eclesial.

En ese sentido y en concordancia con la alianza Estado-Iglesia, el clero monopolizaba el tema educativo, desde los primeros  grados de enseñanza, hasta las universidades, por lo que las principales tesis de la concepción del mundo tenían que ver con una explicación divina de los principales fenómenos naturales, así como el origen del mundo y su posición respecto del universo, donde prevalecían los dogmas de fe y la censura de la iglesia a visiones distintas sobre los temas anteriormente señalados.

Al llegar el ocaso de Medioevo, los movimientos intelectuales de la llamada Ilustración donde pensadores como Louis René de la Chalotais empezaron a reclamar contra la exclusión de los laicos en relación a la educación, además decía que era importante la figura de un ministerio de suprema vigilancia autorizado por el Estado, que fuera escuchado por el soberano (Alighiero, 1976). Era importante pues un elemento capaz de estar por encima de cualquier organización  y de cualquier credo religioso, donde todos los ciudadanos convergieran a un mismo sistema educativo sin poner como condición la incorporación de dogmas de fe.

México como país naciente a inicios del Siglo XIX, hereda toda una estructura político religiosa basada en la tradición medieval española, pero con un crecimiento en el pensamiento iluminista que asume la educación como instrumento para consolidar y desarrollar las potencialidades creativas de la novel nación y que quiere destacar en el mundo de las naciones, posición del pensamiento exclusiva de los liberales, no así de los conservadores que heredan la tradicional colonial hispana de la dualidad Estado- iglesia como complemento esencial del desarrollo social. Así que en los inicios de la vida independiente se establece este conflicto constante entre estas dos perspectivas o maneras de ver el ámbito educativo.

3. LA EDUCACIÓN EN MÉXICO DURANTE LA COLONIA

Durante el establecimiento del sistema colonial español, había dos tareas importantes para el Estado español: la conquista material y su visión de generación de riqueza en torno a los metales preciosos (oro y plata); y la conquista espiritual, esta ultima marcaría la agenda educativa del status político colonial, por lo tanto la iglesia, como en Europa, asumirá el rol educativo del Nuevo Mundo y de la Nueva España en específico.

En el sistema colonial español, se ubicaron diversos tipos de educación, cinco en concreto: la evangelizadora, el adiestramiento en artes y oficios, la femenina, la formación religiosa y la universitaria. La primera de ellas destinada a la población indígena que de acuerdo con la justificación de la conquista, era redimir a la población indígena como hombres de razón y convertirlos a la religión verdadera; la segunda, ofrecer la posibilidad a las clases bajas la oportunidad de aprender artes y oficios indispensable las élites que las demandaban; la tercera, la enseñanza de habilidades de las féminas para el hogar, pues la mujer era considerada ciudadana de segunda en esa época; la cuarta, la enseñanza de teología y la creación de recursos humanos para la iglesia y expandir sus territorios de fe; y por último la quinta,  el desarrollo de fundamentos científicos para fortalecer las actividades de la época, como el Real Seminario de Minería, entre otras (Zárate, 2003).

Diversas órdenes religiosas se hicieron cargo de la educación en la Nueva España, por ejemplo, los franciscanos ofrecieron educación en los internados de los conventos a los nobles aztecas, con el objetivo que adquirieran conocimientos de lecto-escritura del castellano, además de convertirlos a la religión cristiana, después de eso, estos indígenas serán decisivos en la labor de catequización de sus pares aborígenes. Debido a que la enseñanza del español fue lenta y vista desde la perspectiva europea un fracaso, obligó a los religiosos a aprender lenguas indígenas y utilizar un sincretismo como formas de accesar al mercado religioso indígena (OEI, 1994).

En los inicios del sistema colonial, llegaron a la Nueva España los doce primeros religiosos franciscanos, le seguirían dominicos y agustinos en las primeras dos décadas del dominio español. Después de estas primeras órdenes religiosas en el S. XVII, se sumarán los mercedarios y Jesuitas, dedicándose a las labores de evangelización misional; los carmelitas descalzos, los trinitarios. Dentro de esta cauda de religiosos, los que destacaron por su labor evangelizadora con los naturales fueron los religiosos de la Compañía de Jesús quienes tuvieron presencia en las indias occidentales  en los actuales estados de Baja California, Baja California Sur, Sonora y Sinaloa (Espinosa, 2005).

Los principios religiosos fueron los pilares rectores durante la Colonia, por lo tanto quienes se encargaron de ese ministerio fueron miembros de la Iglesia, fundaron escuelas, institutos educativos, así como la universidad, donde además de alfabetizar se enseñaba gramática, teología, filosofía escolástica (Castro, 1954), todo ello en concordancia con la alianza Estado-Iglesia.

En el ocaso del sistema colonial español, quienes iniciaron con las inquietudes independentistas fueron personajes ligados a la iglesia que tuvieron contacto con las nuevas formas de pensamiento liberalizador que significaba la ilustración y la búsqueda de una sociedad más justa en términos jurídicos.

4. CONFORMACIÓN DEL ESTADO EN EL MÉXICO INDEPENDIENTE

El desgastante periodo de la lucha por la independencia de México, inicia su consolidación y materialización, se da no a partir de los designios de la fuerza insurgente, encabezada por Guerrero, sino por la reacción conservadora representada por Iturbide atemorizada por la aprobación de la Constitución de Cádiz. Nunca se plantearon el tema educativo como parte fundamental de la constitución del naciente Estado. Es así como en los primeros años se perfilarán las dos posiciones irreconciliables sobre la forma deseable de Estado y el acento que cada una de ellas visualiza el tema educativo.

El parto doloroso del Estado mexicano se dio en la pugna entre liberales y conservadores, los primeros en defensa del Estado Laico y los segundos en defensa del Estado confesional, de ahí que de 1821 a 1850, la disputa generó clima de inestabilidad política, económica y social lo que originó que tuviéramos alrededor de 50 gobiernos, quedando el país inerme ante las ambiciones de países extranjeros que con éxito lograron arrebatar territorios o imponer gobiernos.

Esta disputa de concepciones de diferentes proyectos de Estado-nación para Roberto Blancarte (2001), investigador del Colegio de México afirma que:

El factor central que dio origen a la laicidad mexicana no fue la necesidad de responder a una pluralidad confesional que demandara la tolerancia, ni la presión por obtener libertades religiosas (como fue el caso en otros países), sino la lucha por establecer las formas de soberanía. Mientras que el Estado republicano establece como norma la voluntad popular como criterio de definición última del poder soberano, la Iglesia se niega a aceptar una soberanía que no tenga como fuente a lo sagrado y que no esté avalada por el poder religioso. Desde esa perspectiva, el conjunto de las “Leyes de Reforma”, establecen el mismo principio de laicidad. Las medidas específicas son, por supuesto la desamortización de bienes eclesiásticos, la separación del Estado y la Iglesia, que específicamente significa la separación de los “negocios del Estado” y los “negocios eclesiásticos”, el establecimiento del registro de nacimientos civil y el matrimonio como un contrato civil, la secularización de los cementerios y otras medidas afines.

Por lo tanto la laicicidad se expresó en la legitimación del Estado sustentada en la soberanía popular y no de lo sacro, expresado en el control de tareas que la iglesia desempeñaba antes de las leyes de Reforma, aunque ya antes Valentín Gómez Farías con la asesoría del prócer de los liberales, José María Luis Mora, intentó sin éxito debido a la figura de Antonio López de Santa Anna adelantarse a los tiempos de los liberales de la Reforma y que tuvo como producto acabado la Constitución de 1857.

Hay quienes afirman, sobre todo la iglesia, que la Laicicidad es un instrumento antirreligioso, sin embargo para Fuentes Molinar (2000) dichas afirmaciones son infundadas pues el laicismo es una posición frente a una pluralidad de doctrinas religiosas sobretodo que reclaman la validez de su visión de la realidad, del mundo, por lo tanto, ser laico significa reconocer el derecho de todos a practicar una religión, si así lo determinan los individuos y hacerlo en el ámbito familiar, dentro de las mismas instituciones religiosas o comunidades religiosas; por lo que reafirmando la libertad de credos,  y para quienes asisten a la escuela pública, el Estado se encuentra obligado a promover una formación fundada en valores compartidos por todos los que concurren a ella, fomentado la tolerancia donde comprendan al otro sin distingos.

Así pues el Estado laico, sin ser antirreligioso es partidario de su separación de la Iglesia y con ello se consolida la libertad de conciencia, apelando a la desaparición de toda escuela confesional. Para los tiempos de Juárez y Lerdo de Tejada, la religión fue sustituida por la moral, sin hacer referencia a algún culto religioso.

4.1 EL ESTADO MEXICANO ASUME LA EDUCACIÓN COMO POLÍTICA PÚBLICA

Dentro del proceso de Laicicidad importante fue el quitarle a la iglesia el papel educativo, pues este es el germen de la legitimación del Estado  y la oportunidad de moldear a las nuevas generaciones con el pensamiento liberal, de ahí que se consagran intentos por hacer de las políticas públicas el desarrollo de un sistema educativo coordinado, sustentado y fortalecido por el Estado mexicano.

José María Luis Mora, el ideólogo de los conservadores y asesor de Valentín Gómez Farías en un discurso afirmaba que “nada es más importante para el estado que la instrucción de la juventud. Ella es la base sobre la cual descansan las instituciones” (Bolaños, 1981). Era para Mora importante que el Estado se haga caso de la educación pues así se formarían nuevas generaciones, las cuales deberían ser organizadas y controladas por el Estado, imponiéndoles así su filosofía y protegerlas de grupos que estuvieran en contra de los intereses mismos del Estado como la iglesia.

Los primeros intentos de impulsar una educación laica en México fue de Valentín Gómez Farías, entre 1830-1833 en nuestro país se dieron reformas legales contra los privilegios del clero y de la Iglesia. Producto de dichas reformas se cerró la Universidad Pontificia de México, se reconoció la responsabilidad del Estado en relación con la educación y se ordenó la fundación de instituciones de formación de maestros. Estos fueron los primeros pasos o primeros intentos en la búsqueda de la separación Estado-Iglesia (Ehlrich, 2001). Además  se creó la dirección General de Instrucción Pública para el distrito y territorios federales, con lo cual el estado intentaba controlar la educación; se instituyó que la enseñanza fuera libre, pero que se deberían respetar las disposiciones y reglamentos del gobierno federal; se arrebató de las manos del clero para consolidar la formación ciudadana, además de la formación científica sólida; se fomentó la educación elemental para hombres, mujeres, niños y adultos (Bolaños, 1981:30).

La lucha entre liberales y conservadores se concentro en la soberanía del Estado frente a otros poderes, separación del estado-Iglesia, supremacía del Estado referente a la educación y establecimiento de la educación laica (Ibíd.).

A pesar de los tiempos difíciles provocados por la guerra de los Tres Años, en 1861 se realizó un intento por controlar la educación a través una ley expedida por Benito Juárez donde se proponía la unificación del plan de estudios de instrucción elemental y la creación de escuelas primarias dirigidas por el gobierno nacional para atender las necesidades educativas de la ciudadanía (Ibid).

Sin embargo el pensamiento de Juárez cayó en un utópico deseo, pues la falta de recursos del Estado originó que el número de escuelas era limitado frente a las grandes necesidades educativas del país, por lo tanto el carácter de obligatoriedad no se podía cumplir, ni por parte del estado, ni por parte de los individuos (Ibíd.).

Sin embargo ¿es posible que la población de un incipiente y conflictivo país, con una población abrumadamente analfabeta pudiera concebir a la educación como instrumento redentor y vehículo de potencialización?, pues no, sólo la fuerza del Estado y su concepción como la obligatoriedad de asumirla y quitarle la minoría de edad perpetua adherida a partir de su ignorancia, por eso cobra gran importancia la obligatoriedad como forma de asegurar el progreso mental e intelectual de una población inerme.

4.2 JUSTIFICACIÓN DE LA EDUCACIÓN OBLIGATORIA

El ser humano va evolucionando mentalmente con la edad, es por eso que en las etapas tempranas de crecimiento el niño o niña viven una etapa de dependencia en muchos sentidos, por lo tanto es importante el establecimiento de la educación obligatoria como una forma de evolución mental, de una custodia de la infancia que apuesta por su progreso y de la sociedad en su conjunto sustentado en los valores de la racionalidad y la democracia para que todo ser humano, eleve su condición y busque en la dignidad su premisa de existencia (Gimeno Sacristán, 2005).

En esta obligatoriedad de la instrucción, se cimenta una sociedad democrática que favorece la convivencia, se minimiza la discriminación,  los prejuicios y de consolida la cohesión social a partir de valores compartidos; además fomenta la participación política, el ascenso social como justificante irradiador de beneficios sin distingos (Aguado, Ballesteros y Mata, 2013).

Desde el punto de visto histórico de inicios de vida independiente de México, aunque contradictorio con la libertad de enseñanza, para los liberales era necesario que la educación primaria fuera obligatoria, pues en un país de grandes desigualdades sociales, la mayoría de los individuos estaban en una infancia perpetua, por lo que no vislumbraban lo importante que era la educación para salir de la postración, en ese sentido.

Además se argumentaba a favor de la educación obligatoria al asegurar que no se puede concebir “un derecho que consista en elegir entre la educación y la ignorancia” (Vázquez, 1992), por lo tanto desde la perspectiva liberal no había elección, la educación se debería asumir como parte de la naturaleza del hombre, y desde el punto de vista social, pues es la única manera de potencializar el futuro de la patria y hacer de ella un lugar más próspero.

Los debates entre quienes pugnaban por darle toda la libertad al individuo elegir, chocaban con quienes veía a la obligatoriedad como una manera de hacer consiente al individuo y en ese tenor brindarle la posibilidad de hacerlo libre frente a las futuras decisiones, una vez ya alfabetizado y desarrollado su intelecto.

Joaquín Baranda Ministro de Justicia e Instrucción Pública en el Porfiriato aseguraba que “la instrucción Pública aseguraba las instituciones democráticas, desarrollaba los sentimientos patrióticos y realizaba el progreso moral y material de nuestra patria” (Bazant, 2006). Con esos argumentos  los funcionarios justificaban la urgencia de instruir al país, sin darles opción  consolidando la obligatoriedad para generar condiciones de consolidación de la identidad nacional.

Tras la Revolución Mexicana, consolidada a partir de la promulgación de la Constitución de 1917, José Vasconcelos asumirá la política educativa en el gobierno de Álvaro Obregón e interpretó el artículo tercero diseñando líneas de acción que cristalizaran los principios que defendía la carta magna: la laicicidad, obligatoriedad y gratuidad de la educación (Lazarín, 2009). A partir de eso, Vasconcelos trató de llevar educación a través de campañas de alfabetización, de higiene y alimentación con su programa “Alfabeto, pan y jabón”; asimismo llevó actividades artísticas a través de las misiones culturales.

CONCLUSIONES

El Estado surge como una necesidad de racionalidad y en la lógica de la sobrevivencia del hombre que conlleve a la convivencia armónica en un marco de leyes que garantice su cumplimiento.

Además de garantizar que el hombre no sea el lobo del propio hombre, el Estado busca moldear la mente del ciudadano, permear su forma de pensar y justificarse ante él y por lo tanto es a través de la educación que este elemento supremo busca influir en su visión de la realidad, inyectándole la ideología que lo justifica.

En la edad media el Estado tenía a la iglesia como su gran aliada, pero también, la institución que la maniataba y acotaba. El papel educador que tenía la iglesia permitía su legitimación y su fortaleza, pero a medida que el movimiento intelectual de la ilustración empezó a permear a los grandes pensadores que serán artífices del ascenso de la burguesía y de la instauración del liberalismo como forma no corporativa de organizar a la sociedad y dar paso al surgimiento de la sociedad industrial, la visión de la realidad se desacralizó en muchos sentidos y es ahí donde el Estado inicia el proceso de consolidación de separación de la institución eclesial.

Es a partir del movimiento intelectual de la época de las luces en Europa donde intelectuales y el mismo Estado ven la necesidad de asumir la educación y despojarlo de dogmas religiosos para edificarlo en un ambiente de tolerancia y pluralidad.

Nuestro país tardó en consolidarse como Estado. La disputa de dos grupos antagónicos, liberales y conservadores, provocó que de 1821 a 1857, se generara un clima de inestabilidad que aprovecharon fuerzas extranjeras para intervenir en nuestra vida interna, incluso despojarnos de nuestro territorio. En ese clima de disputas, los liberales poco a poco, fueron consolidando la idea del Estado laico y despojar a la iglesia del papel educador y es a través de este instrumento que los liberales empezaron a influir en la mente de los ciudadanos.

Sin embargo en los últimos tiempos ha habido grandes embates de la iglesia por recuperar ciertos espacios. En la presidencia de Carlos Salinas se le otorgó personalidad jurídica a la iglesia y México envió un representante diplomático ante el Vaticano, los ministros de culto y monjas se les otorgó el derecho del voto. En los últimos años hay voces dentro de la iglesia católica en el sentido de formar un partido, que sus ministros de culto puedan ser candidatos a puestos de elección popular y por último penetrar al sistema educativo público con la introducción de la enseñanza de la religión en las escuelas públicas.

Por eso es importante la defensa del Estado laico y de una educación que no esté impregnada de un ambiente religioso y que sea el individuo quien decida desde su privacidad, lejos de las instituciones educativas el asumir una religión o no, el ser creyentes o no y de esa manera garantizar a todo ciudadano su derecho de creer sin menoscabo del derecho de los demás.

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Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Bojórquez Luque, Jesús y Chávez López, Martha Cecilia: "El estado y la educación: el caso de la asunción de la educación del estado mexicano" en Atlante. Cuadernos de Educación y Desarrollo, mayo 2014, en http://atlante.eumed.net/estado-educacion/

Atlante. Cuadernos de Educación y Desarrollo es una revista académica, editada y mantenida por el Grupo eumednet de la Universidad de Málaga.