LAS COMPETENCIAS AL SERVICIO DE LA COMUNICACIÓN

Resumen
El ser humano gracias al lenguaje, entendido como la capacidad de representación, también llamada función semiótica, puede aprender, usar y crear códigos constituidos por signos.
Desde que nacemos estamos desarrollando procesos comunicativos, inicialmente el niño mediante el llanto manifiesta sensaciones de hambre, incomodidad, dolor, entre otras. Poco a poco va desarrollando la capacidad para hablar, primero palabras y luego va construyendo oraciones. Así va adquiriendo la capacidad para saber cuándo hablar y cuándo callar, con quién hacerlo, porqué hacerlo, en qué forma.
Palabras clave: Competencia, lingüística, comunicativa, paralenguaje, proxémica, competencias profesionales.

Concepto

El ser humano gracias al lenguaje, entendido como la capacidad de representación, también llamada función semiótica, puede  aprender, usar y crear códigos constituidos por signos.

Desde que nacemos estamos desarrollando procesos comunicativos, inicialmente el niño mediante el llanto manifiesta sensaciones de hambre, incomodidad, dolor, entre otras. Poco a poco va desarrollando la capacidad para hablar, primero palabras y luego va construyendo oraciones. Así va adquiriendo la capacidad para saber cuándo hablar y cuándo callar, con quién hacerlo, porqué hacerlo, en qué forma.

Gracias a esta capacidad se posibilita el ejercicio y desarrollo de la competencia comunicativa, la que está integrada por una serie de sub competencias, son las habilidades que nos permiten  desempeñarnos con la destreza y suficiencia necesaria para emitir y recibir la comunicación en entornos específicos.

Las competencias comunicativas se incorporan al pensamiento científico en la década de los sesenta del siglo XX, por la autoría del lingüista Noam Chomsky, quien la definió como “capacidades y disposiciones para la interpretación y la actuación”.

En la década de los años setenta, los primeros etnógrafos de la comunicación postularon la existencia de una competencia para la comunicación o competencia comunicativa, que comprende lo que el hablante-oyente real, dotado de ciertos roles sociales y miembro de una determinada comunidad lingüística debe saber para establecer una efectiva comunicación en situaciones culturalmente significativas, y para emitir mensajes verbales congruentes con  la situación. Para estos teóricos (Gumperz y Hymes), la competencia comunicativa es un conjunto de normas que se va adquiriendo a lo largo del proceso de socialización, por lo tanto está socialmente condicionada.

Ha sido estudiada posteriormente por lingüistas y por profesionales de varias disciplinas como la Psicología, la Pedagogía, la Sociología entre otras. Han aportado a este concepto autores como Dell Hymes, Canale y Swain, Caridad Cancio, Charaudeau, Beltrán, Angelina Roméu Escobar, Hernández y Matos, Emilio Ortiz y Forgas, Parra y Mas, D. Zaldívar, Abraham Nosnik y Ackoff.

La expresión “Communicative competence”  fue utilizada por vez primera en la literatura por Dell Hymes (1972), refiriéndose a la capacidad del hablante para formar enunciados que sean no solo sean gramaticalmente correctos sino también socialmente apropiados.

En 1966 en su trabajo On Communicative Competence, Dell Hymes ofrece un primer concepto de competencia comunicativa, donde establece una distinción entre la dicotomía competencia/actuación.

En reacción al concepto de competencia que introduce Chomsky, Hymes cuestiona el concepto de competencia lingüística desarrollado por la gramática generativa, por cuanto en él se hace abstracción de los rasgos socioculturales de la situación de uso.

Con el propósito de desarrollar una teoría adecuada del uso de la lengua, y de integrar la teoría lingüística y una teoría de la comunicación y la cultura, propone cuatro criterios para describir las formas de comunicación, cuya aplicación a una determinada expresión ha de permitir establecer si esta:

  • Es formalmente posible (y en qué medida lo es);  es decir, si se ha emitido siguiendo unas determinadas reglas, relacionadas tanto con la gramática de la lengua como con la cultura de la comunidad de habla.
  • Es factible (y en qué medida lo es) en virtud de los medios de actuación disponibles; es decir, si las condiciones normales de una persona (en cuanto a memoria, percepción, etc.) permiten emitirla, recibirla y procesarla satisfactoriamente.
  • Es apropiada (y en qué medida lo es) en relación con la situación en la que se utiliza; es decir, si se adecua a las variables que pueden darse en las distintas situaciones de comunicación.
  • Se da en la realidad (y en qué medida se da); es decir, si una expresión que resulta posible formalmente, factible y apropiada, es efectivamente usada por los miembros de la comunidad de habla; en efecto, según Hymes, «puede que algo resulte posible, factible, apropiado y que no llegue a ocurrir».

Las Competencias Comunicativas se entienden como un conjunto de procesos lingüísticos que los seres humanos desarrollan durante toda la vida, para poder desenvolverse de forma eficaz en una determina comunidad lingüística, lo que involucra respetar una serie de reglas que rigen el uso de esa lengua (léxico, semántica, fonética), con el fin de participar con eficiencia y destreza  en todas las esferas de la comunicación y la sociedad humana. Desde el enfoque funcional y comunicativo de los usos del lenguaje las competencias comunicativas se concretan en cuatro habilidades: leer, escribir, hablar y escuchar, las que se contextualizan en una gran variedad de géneros discursivos orales y escritos.

Algunas definiciones:

Es el término más general  para la capacidad comunicativa de una persona, capacidad que abarca tanto el conocimiento de la lengua como la habilidad para utilizarla. La adquisición de tal competencia está mediada por la experiencia social, las necesidades y motivaciones, y la acción, que es a la vez una fuente renovada de motivaciones, necesidades y experiencias.

Dell Hymes

Comprende las aptitudes y los conocimientos que un individuo debe tener para poder utilizar sistemas lingüísticos y translinguisticos que están a su disposición para comunicarse como miembro de una comunidad sociocultural dada.

María Estella Girón y Marco Antonio Vallejo

Término empleado por la sociolinguística para referirse a los conocimientos y aptitudes necesarios para que un individuo pueda utilizar todos los sistemas de signos de su comunidad sociocultural. Se trata del conocimiento de las reglas psicológicas, culturales, sociales y linguísticas que rigen en su cultura. Incluye la competencia lingüística en cuanto ésta es el conocimiento del léxico y de las reglas combinatorias de una lengua, pero va más allá de ella en cuanto es el conocimiento del uso apropiado del lenguaje en distintas circunstancias. Incluye la competencia textual y la competencia discursiva, pero va más allá de ellas porque la comunicación incluye el conocimiento acerca de las estructuras textuales y de la selección del discurso apropiado para la situación comunicativa.

Martín Martha 

El Consejo de Europa (2001) analiza las competencias comunicativas de la lengua, que incluyen competencias lingüísticas, sociolinguisticas y pragmáticas, las que se integran con las competencias generales del individuo:  el saber (conocimiento general del mundo, conocimiento sociocultural, consciencia intercultural); el saber hacer (las destrezas y las habilidades); el saber ser (la competencia existencial: relativa a las actitudes, las motivaciones, los valores, las creencias…); y el saber aprender.

Las competencias comunicativas de la lengua incluyen el dominio de:

  • Los marcadores lingüísticos de relaciones sociales (saludos y formas de tratamiento, convenciones para los turnos de palabra, interjecciones y frases interjectivas),
    las normas de cortesía («cortesía positiva» -mostrar interés por el bienestar de una persona, expresar admiración, afecto o gratitud…-; «cortesía negativa» -evitar comportamientos amenazantes, disculparse por ellos,…-; descortesía deliberada -brusquedad, antipatía, reprimendas…-),
  • Las expresiones de sabiduría popular (refranes, modismos, expresiones de creencias, actitudes o valores, etc.),
  • Las diferencias de registro, los dialectos y los acentos (reconocimiento de los marcadores lingüísticos, por ejemplo, de la clase social, la procedencia regional, el origen nacional, el grupo étnico o el grupo profesional), en sus manifestaciones del léxico, la gramática, la fonología, las características vocales, la paralingüística o el lenguaje corporal.

M. Canale (1983) describe la competencia comunicativa como un conjunto de cuatro competencias interrelacionadas:

  • Competencia lingüística
  • Competencia sociolinguistica
  • Competencia discursiva
  • Competencia estratégica

J. Van Ek (1986) añade a estas cuatro la competencia sociocultural y la competencia social.

Podemos concluir señalando que las competencias comunicativas  son todas las formas  desarrolladas por los seres humanos para interactuar  con sus semejantes y su entorno.

El ser humano las adquiere por imitación inicialmente y luego a partir de procesos de aprendizaje  gracias a una serie de contextos que lo rodean; familiares, escolares, sociales e institucionales. Luego del aprendizaje básico que le habilita para vivir en sociedad, puede mejorarlas a partir de reconocer su importancia, la autocrítica y la disposición a superar las falencias. Este mejoramiento puede darse a partir de tres componentes: conocimientos, habilidades y actitudes.

Estas competencias son: Lingüística, sociolinguistica, paralingüística, pragmática, textual, quinésica, proxémica y cronética. Cada una de estas competencias las veremos en detalle en el siguiente capítulo.

Componentes de la competencia comunicativa

La competencia lingüística

Se caracteriza por la capacidad de un hablante para producir e interpretar signos verbales. Comprende los saberes del código de la lengua (lenguaje verbal) con las reglas que rigen la construcción y la emisión de  enunciados oracionales.  El conocimiento y  empleo eficiente del código lingüístico le permiten a un individuo crear, reproducir e interpretar un número infinito de oraciones.

La competencia lingüística permite a los hablantes, reproducir e interpretar un número infinito de oraciones. Ese conocimiento se da en dos planos: la lengua como sistema de signos y la lengua en funcionamiento, en uso.

Como sistema de signos corresponde al dominio semiótico, su función es significar. La lengua en funcionamiento es el dominio semántico, su función es comunicar.

Para Badura, la competencia lingüística se compone de un repertorio de signos lingüísticos, una serie de reglas semánticas y una capacidad de manejar y transformar relaciones sintácticas complejas.

Según Saussure, la competencia lingüística compete a la lengua, considerando a esta como un saber dado históricamente. El habla sería la realización de ese saber.

Según Chomsky, la lengua se correspondería con el concepto de competencia y el habla con el de actuación.

La diferencia entre ambos autores tiene que ver con el contenido de la competencia y en cómo se da ese saber en los hablantes. Para Saussure el conocimiento de la lengua es inconsciente y consiste más bien en unidades estáticas delimitadas por relaciones paradigmáticas, para Chomsky el conocimiento es intuitivo y consiste en reglas “gramaticales” (no sólo morfosintácticas) de buena formación de oraciones.

La competencia lingüística para  Coseriu distingue tres grados:

Saber hablar en general o saber elocucional. Tiene que ver con los principios de congruencia del pensamiento consigo mismo y con el conocimiento de las cosas. Todo hablante espera de los otros emisores un sentido y a la vez espera que los otros lo interpreten de una forma tolerante.

Saber idiomático o competencia lingüística particular. Incluye tanto lo dado, es decir, signos dotados de forma y contenido, como procedimientos para que, a partir de lo dado se realice la actividad lingüística.

Saber expresivo o competencia textual. Consiste en procedimientos con normas inherentes. Éstas se manifiestan porque el hablante asigna a los textos el juicio de lo apropiado según contexto o situación.

La competencia sociolingüística

Es la capacidad del hablante para producir y entender las expresiones en diferentes contextos, pues de acuerdo con la situación específica hay variables como la situación de los interlocutores, la relación que existe entre ellos, las  intenciones comunicativas y las normas y convenciones que regulan el acto comunicativo, entre otras.

M. Canale (1983) distingue entre adecuación del significado y adecuación de la forma. La adecuación del significado tiene que ver con el grado en que determinadas funciones comunicativas, se consideran como características de una situación dada. En términos de Canale, será generalmente inadecuado que un camarero de un restaurante ordene al cliente pedir un plato, con independencia del modo en que pudiera formular gramaticalmente sus frases).

La adecuación de la forma tiene que ver con que un significado dado se representa por medio de una forma lingüística que es característica de un determinado contexto sociolingüístico. (El camarero de un restaurante le preguntará a sus clientes de forma distinta, dependiendo de la categoría del restaurante, el grado de confianza que tenga con el cliente e incluso que tan ocupado esté el lugar).

La competencia discursiva

El concepto de competencia discursiva se genera en el marco de los estudios de la etnografía de la comunicación. Hace referencia a la capacidad de una persona para desenvolverse de manera eficaz y adecuada en una lengua, combinando formas gramaticales y significados para poder elaborar y expresar ideas en forma oral o escrita, en diferentes situaciones comunicativas.

Incluye el dominio de las habilidades y estrategias  que permiten a los interlocutores producir e interpretar textos, así como el de los rasgos y características propias de los diferentes géneros discursivos de la comunidad lingüística en que la persona se desenvuelve.

“Para la lingüística del discurso, es la habilidad que tiene un individuo de una comunidad sociocultural para elegir el discurso más adecuado a sus intenciones y a la situación comunicativa en que está”. (1)

En el análisis del discurso se le identifica con la competencia pragmática. Kerbrat-Orecchioni (1986), asigna a la competencia discursiva el dominio de géneros del discurso concretos y a la pragmática el de los principios generales de los intercambios verbales, comunes a diversos géneros (por ejemplo, el principio de cooperación). P. Charadeau, (2000) distingue entre competencia situacional, competencia discursiva y competencia semiolingüística.

El Marco común europeo de referencia para las lenguas, en su definición de competencias pragmáticas destaca la capacidad de dirigir y estructurar el discurso, ordenar las frases en secuencias coherentes y organizar el texto según las convenciones de una comunidad determinada para explicar historias, construir argumentaciones o disponer en párrafos los textos escritos. Propone cuatro criterios para la evaluación de la competencia discursiva:

  1. La flexibilidad ante las circunstancias en que se desarrolla la comunicación.
  2. El manejo de los turnos de palabra (en la interacción oral).
  3. El desarrollo temático.
  4. La coherencia y cohesión de los textos (orales y escritos) que produce.

Coherencia y cohesión constituyen el eje fundamental de la competencia discursiva, ya que un hablante es competente en la medida que pueda producir y procesar textos debidamente cohesionados y que sean coherentes.

La cohesión textual es para Halliday y Hasan, iniciadores de su estudio, lo que permite asumir como texto a un conjunto de palabras y oraciones, es el tejido oracional armado sintáctica y gramaticalmente, en la estructura superficial o microestructura textual, que hace de un texto una unidad lingüística.

Para Lozano, son elementos de la cohesión textual  las conjunciones (y en general los elementos copulativos), el artículo, el pronombre, algunos valores verbales como el modo, el tiempo y el aspecto, lo mismo que el orden de las palabras, todo ello favorece la conectividad textual.

La coherencia es una propiedad semántica del texto que permite la construcción/reconstrucción de la estructura profunda o macroestructura textual.

Un texto se puede considerar que es coherente cuando tiene sentido, cuando se le identifica el tema en relación con un universo temático y se le identifica una intención global comunicativa.

Coherencia y cohesión no están separadas, aunque por pedagogía se les estudia por separado, éstas se interrelacionan y constituyen el eje fundamental de la competencia discursiva ya que un hablante es competente en la medida que pueda producir y procesar textos cohesionados y coherentes.

La competencia paralingüística

Esta competencia permite que el hablante utilice adecuadamente  determinados signos no lingüísticos para expresar una actitud o un sentimiento en relación con su interlocutor y con lo que dice: declarar, interrogar, intimidar, rogar, ordenar, etc.

En la expresión oral se manifiesta mediante la entonación de la voz: tono, volumen, cadencia o ritmo, énfasis y pausas en la pronunciación. En la escritura esta competencia se manifiesta en los signos de puntuación, las sangrías, los nomencladores, la distribución del espacio, tipos de letras etc., ya que estos recursos permiten identificar la división en el texto.

La información paralingüística implica un código aprendido que no es igual para todas las culturas. Por ejemplo los locutores chinos, no utilizan las mismas variantes sonoras que utilizamos los hispanoparlantes al querer expresar la sorpresa o la ira.

La información que nuestro interlocutor brinda permite extraer información sobre el estado anímico u otra información contextual con la que podemos entender adecuadamente el mensaje. En muchas ocasiones esta información paralingüística cambia radicalmente el significado aportado por las palabras o el escrito (lingüística). El uso adecuado de los elementos paralingüísticos influye en la comprensión del mensaje.

La competencia quinésica

Es la capacidad consciente o inconsciente para comunicar información mediante signos gestuales, como señas, mímica, expresiones faciales, variados movimientos corporales, etc. Estos signos pueden ser expresiones propias o aprendidas, originales o convencionales.

En la comunicación escrita, se manifiesta por medio del empleo de los signos de puntuación, de las sangrías, de los nomencladores, de la distribución general del espacio, tipos de letras, etc. Gracias a estos recursos podemos identificar la división de un texto en capítulos, párrafos, temas y subtemas.

La competencia proxémica

Consiste en la capacidad que tenemos los hablantes para crear, manejar, transformar y apropiarnos de los espacios en la vida pública como privada. Nos permite manejar tanto el espacio como las distancias interpersonales en los diferentes actos comunicativos.

Los códigos proxémicos se establecen según la cultura, las relaciones sociales, los roles, el sexo y la edad, entre otros factores. El manejo de las distancias, el estar separados o en contacto, tienen significados que pueden variar de acuerdo con la cultura y nos permite asignarle significación al respeto o  a la transgresión de esas distancias interpersonales y de los espacios codificados por los distintos grupos sociales. 

La competencia pragmática 

La pragmática considera que la comunicación es la función primaria del lenguaje y se ocupa de estudiar el uso que de este hacen los hablantes en un contexto lingüístico o extralingüístico específico.

El punto de partida es considerar el acto de hablar como un hacer. Todos los hablantes están en capacidad de asociar los enunciados con los contextos en que dichos enunciados son apropiados.

Se entiende por contexto no sólo como el escenario físico en el que se comunica sino también los conocimientos que se asumen como compartidos entre los participantes (referentes emisor-receptor).

El proceso de la comunicación es un proceso cooperativo de interpretación de intenciones, en el que el hablante intenta dar a conocer una idea y su interlocutor decodifica e interpreta esa intención, para luego procesar, analizar  y dar una respuesta ya sea lingüística, paralingüistica, no verbal o de cualquier otra forma.

De acuerdo con la intención comunicativa: informar, ordenar, interrogar, impugnar, sugerir, rogar, etc., el emisor se plantea varios interrogantes, para así lograr sus propósitos:

1. Cuál es el propósito y el contenido de la acción comunicativa.

2. A  quién va dirigida.

3. Cuándo es el momento adecuado para efectuarla.

4. Dónde debe efectuarla.

Competencia estilística

Se considera como el complemento  de la competencia pragmática y se manifiesta en la capacidad para saber cómo decir algo, encontrar la forma más eficaz de conseguir el propósito comunicativo. Esta competencia nos hace preguntarnos ¿Cómo expresar el mensaje para obtener lo que se busca?

Las actitudes estilísticas del hablante: cordialidad, enfado, amabilidad, paciencia,   displicencia, sarcasmo-  determinan la estructuración de los enunciados.

Veámos estos dos enunciados:

  1. ¡Salga ahora mismo!

2. Ya terminamos, por favor salimos de la sala

Competencia textual

La competencia textual “Es la capacidad para articular e interpretar signos organizados en un todo coherente llamado texto. La competencia textual implica las competencias consideradas anteriormente y, además, las competencias cognitiva y semántica” (Girón y Vallejo, 1992: 20).

Esta competencia se entiende como un conjunto de conocimientos que permiten al hablante entender y producir una cantidad, potencialmente infinita, de oraciones gramaticalmente correctas, con una cantidad infinita de elementos. Enfoques de la gramática funcional consideran que el término también debe incluir cierto conocimiento acerca de la adecuación de un enunciado al contexto de situación en la que se produce.

De acuerdo con Leongómez un texto, “debe ser resultado de la actividad lingüística del hombre, ha de tener incuestionablemente una específica intención comunicativa y, por último, ha de explicitarse con suficiencia el contexto en el cual se produce”

Competencia cronética

Los seres humanos nos movemos en dos coordenadas: tiempo y espacio. La segunda la abordamos en la proxémica. La primera, el tiempo, es del dominio de la cronética, entendida como el manejo de la comunicación en el tiempo, la producción de significados con y desde la coordenada tiempo. ¿Cuánto nos demoramos en responder, o cuánto tiempo esperamos para decir algo? En muchas ocasiones generamos problemas no tanto por lo que decimos sino por el momento en que lo decimos.

Las competencias comunicativas profesionales

En la contemporaneidad se precisa de un profesionales con una sólida formación general, adaptable, flexible, capaz de conducirse con facilidad en las situaciones comunicativas originadas a partir de la asunción de los diversos roles que emanan de su perfil laboral; para lo cual requiere del desarrollo de la competencia comunicativa y denotar competitividad mediante adecuados comportamientos en actos comunicativos diversos.

La formación de profesionales competentes y comprometidos con el desarrollo social constituye hoy día una de las misiones esenciales de la Educación Superior.

El nuevo milenio exige nuevas formas de acceso al conocimiento y en particular a la actividad universitaria; y la comunicación está llamada a contribuir a la diversificación de formas de distribución del conocimiento y a la competencia comunicativa en el desempeño profesional, en la relación universidad-empresa y en las acciones extensionistas para difundir los resultados de la investigación científica, lo que demuestra la validez de abordar la reconceptualización de las tareas de la universidad: docencia, investigación y extensión en su vínculo con la comunicación.

Otro de los valores es el nivel de conciencia que toma el alumnado de la importancia de la comunicación como herramienta estratégica ya que desde su concepción se le hace partícipe y conocedor de la estrategia curricular que considerará durante su formación.

La sociedad demanda de profesionales capaces no solo de desenvolverse eficientemente en la solución de problemas de la práctica profesional, sino también de lograr un desempeño profesional con calidad, parece paradójico que el desarrollo tecnológico obligue al profesional de la comunicación a desarrollar competencias del lenguaje.

En este sentido, el trabajo de la transversalidad de la comunicación en todas las áreas del currículo convierte a esta competencia en aprendizaje clave y puerta básica para acceder a múltiples conocimientos en otros campos, y como factor para la convivencia y las relaciones interpersonales en los procesos comunicativos personales, académicos y productivos. Les resulta entonces difícil cuando ya los colectivos pedagógicos y estudiantiles están permeados de estos presupuestos ignorar la formación de habilidades comunicativas, debido esencialmente a la estrecha relación existente entre las habilidades y las competencias.

La solución a este problema implica satisfacer la necesidad del conocimiento teórico y práctico sobre los subsistemas verbal – no verbal de la comunicación y del desarrollo con calidad de los productos y servicios productivos, el manejo de las cuatro competencias que conforman el dominio integral de una lengua (comprensión del lenguaje hablado, expresión oral, expresión escrita y comprensión de textos). Se agrega a esta labor experimental lo que para el paradigma pragmático de la comunicación es el contexto, ambiente o sistema. El contexto es el referente del proceso comunicativo.

La propuesta curricular coloca en el andar pedagógico herramientas para promover la formación de competencias comunicativas en alumnos que resultan más eficientes y eficaces en sus actividades dada la preparación teórica, técnica y práctica de los diversos tipos de comunicación en sus roles profesionales: se entrenan desde la comunicación familiar, pasando en el aspecto oral y escrito, por la técnica, científica, mediática e informática, cada una de las cuales contiene principios, estilos y maneras de permitir la

Esto posibilita una mirada comunicativa a la universidad que considere su función y su contexto y permita su conceptualización como complejo entramado de relaciones comunicativas y una aproximación a la problemática de la universidad latinoamericana en el marco del vínculo institución-organización- comunicación y sus efectos profesionales.

A partir de la implementación de las TIC en los escenarios formativos actuales, se elaboraron varios portales didácticos que integran artículos referidos a la comunicación profesional en general y particular, contiene webgrafía, bibliografía, galerías de imágenes, acceso al Entorno Virtual de Aprendizajes UCI y la intranet de la ciudad digital.

(1)      Marín Marta (1997) Conceptos claves. Gramática, lingüística, literatura. Buenos Aires: Aiqué, pág. 25.

Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Rubio Guerrero, Isabel María: "Las competencias al servicio de la comunicación" en Atlante. Cuadernos de Educación y Desarrollo, febrero 2014, en http://atlante.eumed.net/competencias-servicio-comunicacion/

Atlante. Cuadernos de Educación y Desarrollo es una revista académica, editada y mantenida por el Grupo eumednet de la Universidad de Málaga.