LA ARGUMENTACIÓN COMO ACTO DISCURSIVO

Resumen

La teoría de la Argumentación en la lengua, propuesta por Anscombre y Ducrot, constituye una de las aportaciones más importantes de la reciente Pragmática lingüística. Esta teoría propugna que todo empleo lingüístico es, “per se”, argumentativo. Es decir, hablamos para convencer y persuadir a los otros de algo.
El hablante puede construir su mensaje con el objetivo de guiar al oyente hacia determinadas conclusiones. Y para ello utiliza mecanismos de todo tipo: fónico, sintáctico, semántico… Incluso hay elementos especializados en manifestar esta orientación argumentativa. Este estudio pretende trazar ligeramente toda la complejidad que cada elemento lingüístico tiene en la comunicación, los valores que alberga, cuyo estudio exige una visión multidimensional. Y, por otro lado, que este conocimiento de nuestra lengua se traduzca en una alta competencia comunicativa para utilizar dichos mecanismos en situaciones interactivas en las que se considere necesaria la orientación y acercamiento del otro hacia nuestras tesis, o para conseguir discernir y descodificar todos los actos argumentativos con que se nos bombardean continuamente y, de este modo, evitar la manipulación. Para ello, se sugiere la lectura de la bibliografía citada.

Palabras clave: Argumentar, objeto, locutor, carácter, objetivo, tesis, mecanismos de persuasión, acto discursivo.

Es frecuente encontrar, a diario, actos discursivos de corte argumentativo.

La argumentación es un fenómeno discursivo complejo que tiene como objetivo convencer a un receptor sobre unas ideas o tesis. Argumentar es convencer a un receptor para que piense de una determinada forma. Se utiliza normalmente para desarrollar temas que se presten a controversia, y su objetivo fundamental es ofrecer una información lo más completa posible, a la vez que intentar persuadir al lector mediante un razonamiento.

En todo acto argumentativo se produce la aparición de tres funciones fundamentalmente: la expresiva, apelativa y la representativa.

Desde la perspectiva de las tipologías textuales, la argumentación  es un tipo de texto o discurso que a veces se arropa de la exposición.

Entre ambas, exposición y argumentación, no hay  clara línea divisoria.

La exposición nos ofrece información suficiente y necesaria para que el interlocutor comprenda el objeto de conocimiento (evento, situación, asunto); dicha información, que funciona a modo de premisa, la empleamos para convencer, persuadir o tomar decisiones.  Así mismo, los límites sutiles entre la explicación y la argumentación, en los casos de análisis en problema-solución y de relaciones entre causas y sus posibles efectos.

Por su importancia para la vida familiar, social, política y académica, en esta experiencia de aprendizaje exponemos los mecanismos esenciales del proceso argumentativo: sus características, su estructura, y los componentes lingüísticos de mayor uso. También planteamos algunos ejercicios para afianzar esta modalidad discursiva. 

CARACTERÍSTICAS DE LA ARGUMENTACIÓN

La argumentación es la posibilidad de usar la palabra para producir actos discursivos en los cuales se toma una posición, de manera razonada, frente a una temática o una problemática. Es un evento del pensamiento en el cual se involucran las leyes del razonamiento (la lógica),  las  reglas para probar o refutar (la dialéctica), y el uso de recursos verbales con el fin de persuadir, aludiendo a los afectos, las emociones, las sugestiones (la retórica).

Ya que pretende influir sobre la conducta o las creencias del interlocutor, la argumentación tiende a privilegiar la función apelativa del lenguaje. Sin embargo, en todo acto argumen­tativo coexiste la función referencial dado que transmite información, y la función poética ya que la forma de decir las cosas es fundamental, como se manifiesta en la publicidad y en los ensayos literarios.

Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, argumentar significa “argüir, sacar en claro: descubrir, probar.  Aducir, alegar.  Disputar, discutir una opinión ajena”. Sinónimos de la misma pueden ser: incitar, exhortar, sugerir, atraer, influir, seducir. Esta propiedad está vinculada especialmente con ámbitos éticos, es decir, en el mundo de los valores humanos.  Damos por caso la clonación.  Este es un asunto biomédico que se desarrolla en el campo de la genética. Ahora bien, su aceptación o rechazo se vincula con lo ético y moral, en el discurrir del respeto humano. Por tanto, se establecen posiciones encontradas: ¿se debe aceptar la clonación?, ¿cuándo, cómo y por qué puede o debe ser empleada?  Este asunto de evidentes consecuencias humanas, polariza a la sociedad (ecle­siástica, política, científica, académica, e incluso a la sociedad civil), y la controversia entra en juego.

Por ello, en la argumentación se tiene como propósito convencer  o persuadir a través de un plan (lógico) constituido por un conjunto de ideas (proposiciones o premisas) que respaldan una posición frente al hecho o la situación.  Implica tener claros los puntos de vista a favor o en contra del hecho que se desea criticar o defender, y las razones que justifican la pos­ición asumida.  Quien argumenta debe tomar una posición o plantear una tesis (“estoy de acuerdo con…”; “me parece que…”;” yo creo que…”), apoyarse en unos argumentos o razones, y llegar a una conclusión.

Según lo dicho previamente, la argumentación surge en situaciones polémicas en donde hay controversia, desacuerdo, discusiones, disputas, conflicto de intereses. Argumentar es justamente lo contrario de asumir posiciones obcecadas, fanáticas, aferradas a un solo punto de vista,  e incluso de actitudes violentas.

Si el argumentador pretende conseguir su objetivo, ya sea crear una opinión favorable sobre un tema, ya sea modificar la posición del interlocutor, o defender su punto de vista, según Camps y Dolz (1995) debe:

1. Conocer un tema polémico y ser consciente de los diversos puntos de vista que existen sobre él; 2. discutir los diferentes puntos de vista y los recursos argumentativos posibles para defenderlos; 3. tener su propia opinión sobre el tema discutido;  4. valorar los argumentos contrarios; 5. justificar su punto de vista con un conjunto de argumentos adecuados; 6. utilizar de manera rigurosa y consciente los argumentos; 7. desarrollar estrategias para atraer los sentimientos de los otros; 8. reconocer los argumentos del oponente y saberlos refutar; 9. aceptar e incorporar algunos de los argumentos del adversario como concesiones; 10. saber negociar una posición de compromiso.

Como se puede apreciar, el discurso argumentativo es de gran complejidad, por lo que requiere una gran capacidad oratoria, lo que a su vez implica conocer exhaustivamente sus mecanismos. Como refuerzo de lo dicho hasta aquí, veamos cómo nos presentan Calsamiglia y Tuson (1999:295) el asunto:

 

Objeto: Cualquier tema controvertido, dudoso, problemático, que admite diferentes maneras de tratarlo.  Se puede formular como pregunta. 
Locutor: Ha de manifestar una manera de ver e interpretar la realidad, una toma de posición.  Expone la opinión a través de expresiones modalizadas (adjetivos calificativos, conectores, expresiones interrogativas y exclamativas retóricas) y axiológicas (contraste de ideas, de posiciones ante el tema). 
Carácter: Polémico, marcadamente dialógico; se basa en la contraposición de dos o más posturas (verdades o creencias aceptadas o posiciones defendidas por un sector o por una persona).  Los enunciados se formulan en relación con otros enunciados.  Se manifiesta la oposición, el contraste, la desautorización, el ataque, la provocación… 
Objetivo: Provocar adhesión, convencer, persuadir a un interlocutor o a un público de la aceptabilidad de una idea, de una forma de ver el tema que se debate.

CARACTERÍSTICAS DE LA ARGUMENTACIÓN

La argumentación se emplea en un amplio abanico de posibilidades sociales y culturales, tanto individuales como colectivas, tanto orales como escritas, así:

- De carácter interpersonal, manejada en la vida cotidiana para solicitar permisos o conce­siones, dialogar con un amigo o amiga sobre un asunto de interés o de actualidad, discutir las decisiones tomadas por otros (los patronos, por ejemplo).

En ella se emplea una estruc­turación informal, con registro familiar y tono coloquial, aunque obviamente con apoyos o razones y justificaciones valederas.

- De carácter social, utilizada en cartas, valga decir, al director de revistas o periódicos, artículos de opinión, manifiestos, anuncios publicitarios, debates, mesas redondas. Aquí, se emplea un discurso más estruc­turado, con un registro técnico o científico, de acuerdo con la temática y con el público.  Se emplean tonos variados: humor, ironía, sátira.

- De carácter técnico, empleada en el terreno científico, académico,  jurídico y administrativo, por citar solo algunos y se evidencia, por ejemplo, en tratados, alegatos, sentencias, de­man­das… Se manejan estructuras muy formalizadas, con un registro técnico o científico, con un tono revestido de autoridad y con estructuras lógicas altamente rigurosas.

Para  defender una opinión, suele adoptarse una de estas tres posturas argumentativas:

- Postura positiva: el argumentador aporta argumentos que apoyan su tesis; por ello se le denomina argumentación positiva o de prueba: “Creo que…”, “Me parece que…”

- Postura negativa: el argumentador ofrece razones que refutan o rechazan argumentos contrarios a su propio punto de vista; esto es, argumentación negativa o de refutación: “No estoy de acuerdo con…”,  “Se cree que… pero…”, “La falsa premisa de que… necesita corregirse como…”

 - Postura ecléctica: se aceptan algunas razones ajenas otorgando concesiones, pero con el aporte de argumentos propios. “Estoy de acuerdo con la idea central; sin embargo creo que hay unos hechos que no se han considerado y…”

SUPERESTRUCTURA DE LOS TEXTOS ARGUMENTATIVOS

Por lo regular, en el acto argumentativo se intercalan descripciones, narraciones o expli­caciones que funcionan como argumentos o refuerzan la función dominante, esto es, la persuasión. También aparecen estructuras de problema-solución en donde se aportan ele­men­tos ante las situaciones adversas, y en estructuras de causa-efecto como las que se ejemplificaron en páginas anteriores. 

Hay variedad en la superestructura de los textos argumentativos, pero, en general, se orga­niza en tres partes. Así las describe Cuenca:

  • Introducción: se presenta el tema (una opinión general o particular), se intenta crear una disposición favorable en el receptor y se exponen los hechos para que él conozca la posición defendida por el emisor y se sitúe de su parte.
  • Desarrollo: se articula con la exposición y defensa de los argumentos favorables y la refutación de los argumentos contrarios al tema.
  • Conclusión: actúa como síntesis de lo dicho y refuerzo de la tesis defendida.

Tipos de argumentos

Para Catalina Fuentes Rodríguez y Esperanza Alcaide Lara en el logro del propósito de convencer o persuadir, o por lo menos para participar en la polémica, quien argumente puede recurrir a varios de los siguientes tipos de argumentos:

1. Autoridad: basados en opiniones, presupuestos, investigaciones o tratados expuestos por personas de prestigio, reconocidas en ámbitos culturales o intelectuales específicos. Hay apoyos por autoridad de forma directa, cuando la persona es reconocida en un campo en particular porque ha tratado el tema a profundidad; e indirecta o por analogía, cuando la opinión no corresponde cabalmente con el tema tratado, pero apuntala el problema o la situación abordada.

2. Certeza o de hecho: se basan en pruebas observables, esto es, en situaciones que se pueden apreciar porque pertenecen a realidades físicas o psicológicas, tanto individuales como colectivas.

3. Experiencia: cuando el argumentador acude a situaciones que ha vivido o experimentado y que se vinculan con el tema, como su experiencia laboral, académica, política, entre otras. Algunas veces se retoman experiencias de personas reconocidas social o culturalmente.

4. Ejemplos: se emplean casos concretos, susceptibles de ser generalizados. Deben constituir una muestra representativa y no un caso aislado o particular. Además, el ejemplo seleccionado debe gozar del carácter de hecho. En algunos casos, se emplean anécdotas, cuentos, citas literarias, refranes para extraer una regla general.

5. Causalidad: “esta clase de argumentos se fundamenta en el principio de causalidad, según el cual todo lo que es o comienza a ser (estado o suceso) es el resultado o efecto de una causa o de un conjunto de causas desencadenantes.  Las posibles causas que desen­ca­denan un fenómeno hacen las veces de premisas o antecedentes, y su función, en este caso, es explicar por qué algo ocurrió o por qué algo puede suceder. […] están directamente relacionados con los hechos, ya de la vida diaria, ya de carácter científico.  En uno y otro caso, aunque procedamos según la razón práctica o la razón científica, las premisas son explicaciones probables del porqué de los hechos” . Este tipo de argumentos se emplea para predecir o prevenir la aparición de otros hechos o situaciones.

6. Analogía: “se utiliza para sustentar conclusiones de conceptualización compleja.  Se define como una ‘semejanza de relación’ entre los términos de la conclusión y los de la premisa.  Esta semejanza de relación permite explicar, mediante términos de fácil comprensión, los de difícil comprensión que conforman la conclusión” Villareal (2001:246). Por ejemplo, con el fin de vender un juego matemático, el publicista compara la agilidad mental de un niño con  la destreza de un computador, para que los padres o edu­ca­dores observen la rapidez y eficiencia que dicho niño puede alcanzar.

7. Probabilidades: se basan en datos estadísticos o en cálculos de probabilidades, los cuales gozan de gran aceptación en el mundo científico, dando cierto carácter empírico al argu­mento. Se emplean, por caso, las encuestas con representatividad en la muestra, o datos de informes de investigación, entre otros.

8. Presunción: sustentado en ideas vinculadas al principio de verosimilitud, es decir, en hechos o situaciones que pueden ocurrir dados ciertos precedentes. Por ejemplo, plantea una señora: “Nos estamos aislando de los demás. Si nos descuidamos, va a llegar el día en que no tendremos que salir para nada de nuestras casas porque, gracias a la tecnología, podremos hace todo por computador: negocios, estudio, amistades, entretenimiento.  Hasta se consiguen parejas por Internet y el noviazgo es virtual.  Posiblemente también se casarán por esa vía y no tendrán que convivir en el mismo espacio físico”.

9. Silogismo o estructura argumentativa que contiene dos premisas y una conclusión. Puede ser simple o muy elaborada.  Veamos:

1. Todo buen escritor es un gran lector (premisa mayor que debe ser sustentada):

  • Pedro es un buen escritor (premisa menor o caso concreto, apoyada con evidencias); por lo tanto, es un gran lector (conclusión).

2. La televisión es nociva para la formación moral y psicológica de los niños. (Premisa mayor que debe ser sustentada con razones):

  • Marga ve más de cinco horas diarias de televisión  (evidencia, hecho real); por lo tanto, Marga está adquiriendo principios morales que van en contravía de los preceptos familiares y colombianos (conclusión que caracteriza la formación de la niña).

En los actos argumentativos, es muy frecuente cometer errores o falacias. Observemos cómo detectarlos[1]:

En general, podemos hablar de dos grandes tipos de argumentos no sujetos a las leyes de la lógica: los argumentos incorrectos y los falsos argumentos.

Los argumentos incorrectos se derivan de la mala utilización de la lógica argumental, y son especialmente frecuentes en las personas inexpertas. Entre ellos destacan los siguientes:

  • Elevar lo particular a la categoría de general. Este error se basa en hacer generalizaciones a partir de uno o varios datos que resultan insuficientes. Por ejemplo: “Tengo un vecino alemán que ha aprendido español en dos meses, luego a todos los alemanes les resulta muy fácil aprender español.”
  • Incurrir en círculos viciosos. Es un error que consiste en utilizar dos hechos indistintamente como causa y consecuencia. Quien cae en este error no hace más que dar vueltas a las ideas sin aclarar nada. Por ejemplo: “Mi hermana no viene a verme porque no me quiere, luego mi hermana no me quiere porque no viene a verme.”
  • Establecer falsas relaciones de causa–efecto. Por ejemplo: “He pasado por debajo de una escalera y después me he caído, luego pasar por debajo de una escalera da mala suerte.”

Los falsos argumentos son, en realidad, modos de persuasión ajenos a la lógica argumental. Los más utilizados son los siguientes:

  • Apelar a los sentimientos del destinatario. Este procedimiento persuasivo va desde el halago hasta la compasión pasando por la amenaza. Leamos: “Como ustedes son personas inteligentes y muy preparadas científicamente, sabrán comprender la importancia que tiene la teoría que defiendo.”
  • Apelar a la importancia, al prestigio o a la autoridad del emisor. Este tipo de argumentación trata de captar la adhesión incondicional del destinatario o del auditorio no por la tesis en sí, sino por la persona que la defiende. Se utilizan, por ejemplo, cuando el argumentador emplea falsos argumentos como éste: “Ustedes saben que yo nunca defendería nada que no fuera cierto…”

En consecuencia, argumentar implica llegar a una conclusión mediante el respaldo apropiado de una idea. La superestructura se adecua según la intención comunicativa, por lo cual el argumentador debe anticipar el tipo de interlocutor o público, seleccionar el léxico, el registro, el tipo de argumentos y el modo argumentativo.

Pese a lo dicho, existen casos en los que no se explicita la conclusión, y el receptor debe reconstruirla a través de la inferencia. Tampoco, en ocasiones, se manifiestan los contra-argumentos a una tesis determinada, sino que se dejan implícitos. 

TIPOS DE ARGUMENTACIÓN 

Básicamente hay dos tipos: argumentación secuencial y argumentación dialógica. En la primera se plantea la tesis y se sostiene con diferentes tipos de apoyos, para obtener una conclusión.

En la dialógica, se tienen en cuenta el punto de vista contrario (la antítesis) así como los contra-argumentos y los argumentos de apoyo.  El esquema sería similar al siguiente, tomado de Calsamiglia y Tusón (1999:298):

 

Hay quien Dicepiensa    A

opina

y sostiene su afirmaciónopinión

idea

con X argumentos de CausalidadAutoridad

Certeza

Experiencia

 

                SIN EMBARGO (contrariamente / en cambio / ahora bien/…)

 

YO DigoPienso

Creo

Mantengo

 B   y lo sostengo con  Y argumentos

 

La clasificación quedaría así:

 

Clasificación

Caracterización

Ejemplos

Deductiva
o analítica

Va de lo general a lo concreto. La tesis se expone al comienzo y, a continuación, se ofrecen los argumentos de apoyo. Finalmente, se introduce la conclusión. Todos los estudiantes de la Real Escuela Superior de Arte Dramático (R.E.S.A.D.) han tenido que superar una prueba de acceso; Luis es estudiante de la RESAD; luego Luis ha superado la prueba de acceso.

Inductiva
o sintetizante

Va de lo particular a lo general. Se empieza por los hechos y argumentos y se coloca la tesis o conclusión al final; es decir, de una serie de consideraciones o datos, se extrae una idea final. “Brasa” se escribe con b; “abrazo” se escribe con b; “cebra” se escribe con b, etc.; luego todas las palabras que contienen la sílaba “bra” se escriben con b.

Paralela

No pretende sacar conclusiones ni demostrar hipótesis, sino manifestar de forma encadenada, ideas indiscutibles (verdaderas o falsas), que no están subordinadas unas a otras por su contenido. «De ordinario los jóvenes buscan respuestas en los libros, pero ocurre que cada libro suscita nuevas preguntas. Al que esto le suceda, será ya un lector impenitente a lo largo de la vida»DELIBES, Miguel.

 

Según el público, el tema y las circunstancias, quien argumente elegirá el modo más conveniente para lograr su propósito.

RECURSOS LINGÜÍSTICOS Y DISCURSIVOS PREDOMINANTES

Los argumentos que apoyan la toma de posición deben estar organizados siguiendo un plan o eje argumental. No se trata, pues, de un simple listado de razones, sino que se emplean nexos argumentales tales como: por esta razón, de este modo, en primer lugar, sin embargo…

La estructura silogística (premisas-conclusión) y antitética (tesis-antítesis), además del dialogismo (confrontación entre el emisor y el receptor -concreto o no- presente o repre­sentado textualmente), son las dos características que movilizan el funcionamiento lingüís­tico de la argumentación. 

Entre los recursos lingüísticos y discursivos característicos de la argumentación, se destacan:

  • El uso de deixis personal: aparición de pronombres personales,  en especial de la primera persona del singular (y a veces del plural, si el emisor habla como portavoz de un grupo). Así mismo, el ‘yo’ puede aparecer elidido, es decir, oculto, por lo que el emisor no asume una posición directa sino indirecta. Por ejemplo, cuando alguien afirma que “se debe eliminar el impuesto predial porque…” (recurso retórico impersonal), en realidad está diciendo: ”yo creo, me parece, que el gobierno debe eliminar el impuesto predial porque…”.  De todos modos, dado que se enuncia la posición de alguien frente a algo, la aparición del pronombre personal (yo, nosotros, tú, ellos) puede ser más frecuente que en otras modalidades discursivas.
  • La antonimia: relacionada con conceptos contrarios de acuerdo con la tesis – antítesis. Hay variedad,  según Cuenca (1995), así:

a) antonimia propiamente dicha (del tipo fácil/difícil, frío/caliente…), cuando los términos se oponen de manera escalar, es decir, se presentan en una relación graduable (muy fácil, poco caliente, etc.);

b) complementariedad (como par-impar, hombre-mujer, etc.), cuando los términos  se refieren a una oposición no graduable (un número no puede ser más par o casi impar);

c) inversión u oposición relativa (como profesor/alumno, comprador/vendedor, delante/detrás, etc.), que se produce siempre que una palabra se define o parafrasea en relación con otra (alguien compra porque otra persona vende).

  • La modalización o empleo de oraciones y de términos tales como: superlativos (paupérrimo, grandísimo), exclamaciones, interjecciones e interrogaciones retóricas (que no esperan respuesta sino que llaman la atención del interlocutor), modalización en expresiones para matizar efectos (como en la negación “no dejé de dormir”, que al negar está afirmando que sí se durmió).
  • La polifonía o intervención de diferentes ‘voces’ en el discurso, gracias a los apoyos argumentales como los juicios de expertos o autoridades citadas, los datos estadísticos tomados de fuentes confiables, etc.
  • Los conectores, ya que en la contraargumentación conviene ir rebatiendo los argumentos contrarios y, de ser posible, agregar los que no hayan sido previstos por el adversario. También se usan para mostrar la lógica y marcar con claridad aspectos como causa y consecuencia, condición, oposición total o parcial, matizaciones, introductores de la propia opinión o de la opinión ajena, etc. Los conectores más específicos de la argumentación se clasifican, básicamente, en tres grupos:

a)     Contrastivos; utilizados para poner de manifiesto relaciones de oposición, sustitución, restricción, contraste o ideas contrapuestas relacionadas con la tesis y la antítesis.  Se generan cuatro modalidades:

-   Oposición; vinculados con la relación tesis/ antítesis: pero, en cambio, sin embargo, ahora bien, aunque, contrariamente, no obstante, por el contrario, mientras que…

-   Sustitución; usados para negar la validez de un primer elemento a través de la aparición de una negación explícita: sino, en lugar de, en vez de,  todo lo contrario…

-   Restricción; ventajosos para negar la relación entre el todo y una de sus partes: excepto, sino, más que, aparte de,  a no ser que, excepto si…

-   Concesión, empleados para negar una relación entre una causa y un efecto y en la modalidad silogística: aunque, a pesar de que, no obstante, con todo, de todas formas, de todos modos, si… entonces, con tal que, cuando…, en caso de que, según…, a menos que…, siempre que…, mientras…

b) Causales y consecutivos, utilizados para marcar las relaciones de causa o consecuencia: porque, puesto que, ya que, por eso, por ello, porque, pues, dado que, por el hecho de que, en virtud de… Entre los consecutivos se encuentran: así que, por lo tanto, por consiguiente, en consecuencia, de ahí que…

También hay un tipo específico; serían los conclusivos: en suma, en síntesis, en consecuencia, para resumir, en conclusión…

c) Distributivos. Empleados para señalar la enumeración y defensa de diferentes argumentos: en primer lugar, en segundo lugar, por último, por un lado, por otro lado, además.  Cuando son varios los argumentos, se emplean marcadores discursivos como: 1), 2), 3)… a), b), c), para pautar las ideas.

Hay otros conectores ligados a la estructura del discurso, esto es, al tipo de argumentos o a sus nexos: condicionales (asociados con la estructura silogística, como si, en caso de, en ese caso, etc.), y marcadores de estrategias textuales muy usadas en la argumentación tales como: la generalización (en general, generalmente, generalizando…), la ejemplificación (por  ejemplo, pongamos por caso, así…) o la reafirmación o énfasis (en efecto, efectivamente, de hecho…), la certeza (es evidente que, es indudable que, nadie puede ignorar que, es incuestionable que, de hecho, en realidad, está claro que …). 

Entre los recursos lingüísticos también se encuentran los adverbios oracionales que encabezan ideas indicando juicios de valor sobre el contenido que sigue (sinceramente…, lamentablemente,…), o marcando aspectos de la modalidad del enunciado (proba­ble­mente…, posiblemente…, evidentemente…), y las locuciones que cumplen esta misma función (con sinceridad, con toda probabilidad, sin duda, por desgracia, de manera frecuente, etc.).

Finalmente, son frecuentes los elementos lingüísticos que se utilizan para introducir la opinión propia: entiendo, pienso, creo, me parece, desde mi punto de vista, a mi modo de ver, etc. Asimismo, la polémica puede estar marcada por elementos léxicos como la falacia, el argumento, el desacuerdo, la demostración, etc.

Recomendaciones para leer o escribir actos ARGUMENTATIVOS

Cuando de argumentar se trata, usted puede interrogarse sobre los elementos esenciales.  Veamos algunas preguntas básicas sobre:

El tema:

- ¿El tema es interesante, polémico, importante?

- ¿Permite apreciar de otra manera lo aceptado tradicionalmente?

- ¿Se ha delimitado el tema, problema o asunto, o por el contrario, se ha abarcado un amplio rango temático en términos de complejidad y extensión?

La toma de posición:

- ¿De qué asunto, tema, cuestión desea persuadir al auditorio?

- ¿Por qué piensa de esa manera?

- ¿Qué es lo que desea demostrar?

Los apoyos argumentales:

- ¿Qué razones fundamentan su posición?

- ¿Qué situaciones intervinieron para que pensara de esa manera?

- ¿Qué condiciones se requieren para que el argumento o los argumentos tengan validez?

- ¿Qué condiciones invalidan el argumento o los argumentos?

- ¿Cuáles son los limitantes del punto de vista?

- ¿Qué tan actualizados son los apoyos por autoridad, experiencia, datos estadísticos?

La conclusión:

- ¿A qué conclusiones llega?

- ¿La polémica se cierra o brinda nuevas posibilidades para la discusión?

El tipo de argumentación:

- ¿La estructura es lineal o dialógica?

- ¿La organización global es deductiva o analógica, inductiva o sintética, o es en paralelo?

- ¿Se aprecia un orden convincente y coherente en las ideas?

El destinatario:

- ¿Quién es el destinatario o público a quien se dirige el acto persuasivo?

- ¿Cómo es el contexto social, político, ideológico?

- ¿A qué grupo de población se dirige: niños, jóvenes, adultos, ancianos?

- ¿Cuales son las situaciones o experiencias que posibilitan o inhiben su persuasión?

Aspectos lingüísticos:

- ¿Ha empleado los conectores más precisos de modo que se pueda apreciar el nexo en las ideas?

- ¿Ha definido conceptos y palabras claves o centrales del tema?

- ¿El léxico empleado es concreto, específico y consistente?

- ¿Cuál es el tono deseable según la audiencia: moralizador, militar, pastoral, político?

- ¿Prevalece un registro emotivo, cargado de subjetividad?

Con estas preguntas hemos pretendido resumir la esencia del proceso argumentativo.  Sin embargo, esta modalidad se cumple en una amplia gama de producciones discursivas, por lo que no hay un único modelo.  Según la intención comunicativa, prevalecerán con mayor intensidad los recursos lógicos, dialécticos o retóricos.  Les invitamos a seguir indagando sobre esta modalidad tan útil y tan empleada en nuestro medio familiar, social y académico.

La argumentación, como muchas actividades en la vida, requiere observación y práctica.

Es un tema apasionado y,  actualmente, bastante investigado, aconsejamos seguir con atención debates en distintos campos de la actividad humana, por servir de estrategias que nos permitirán perfeccionar sus propias técnicas argumentativas. Habilidad esencial para la defensa de nuestros derechos, sustentar lo que percibimos o descubrimos, o suscitar modos de convivencia más deseables. 

BIBLIOGRAFÍA

Calsamiglia Blancaforth, Helena y Tuson Walls, Amparo.  Las Cosas del Decir.  Barcelona: Ariel, 1999.

Camps, Anna y Dolz, Joaquim.  Enseñar a argumentar: un desafío para la escuela actual.  En: Comunicación, Lenguaje y Educación. No.25, 1995.

Cuenca, María Josep. Mecanismos lingüísticos y discursivos de la argumentación. En: Comunicación, Lenguaje y Educación, 1995, 25, 23-40.

Fuentes Rodríguezm Catalina y Alcaide Lara, Esperanza. La argumentación y sus medios de expresión.


 

Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Rubio Guerrero, Isabel María: "La argumentación como acto discursivo" en Atlante. Cuadernos de Educación y Desarrollo, febrero 2014, en http://atlante.eumed.net/argumentacion-acto-discursivo/

Atlante. Cuadernos de Educación y Desarrollo es una revista académica, editada y mantenida por el Grupo eumednet de la Universidad de Málaga.